2 de septiembre de 2013

¡MINGA!

 ¿Pensabas que las casas permanecían fijas en un lugar? Chequeo Frontal te dice... ¡MINGA!



   En la Argentina la palabra minga significa “nada”. Se dice minga cuando se niega a hacer algo en forma despectiva. Hasta a veces se suele acompañar de un gesto con la mano cerrada y el pulgar flexionado. Basta recordar la célebre frase que del ex presidente Carlos Saúl Menem: “Minga voy a bajarme”, refiriéndose a su candidatura presidencial allá por 2003. Promesa que no cumplió, por cierto. Defraudó no sólo a un pueblo sino también faltó a su palabra.
   La palabra minga proviene del quechua (minka) y se refiere a un trabajo comunitario con fines sociales. Es una antigua tradición de ciertas comunidades aborígenes que creían que el trabajo colectivo traía mayores beneficios para la tribu. “Compromiso, contrato o convenio para un trabajo, entre el trabajador y la persona que necesita sus servicios”, es el significado de la palabra minga según el diccionario quechua-español.


   En la Isla de Chiloé, en el sur de Chile, minga es un evento comunitario y voluntario donde los vecinos se ayudan mutuamente en distintas tareas, pero  lo más llamativo quizá, es el traslado de una casa de un lugar a otro. 
Organización, solidaridad, compañerismo, compromiso, colaboración, son algunos de los sentimientos que encierra esta tradicional práctica.

   “La fiesta de la minga está relacionada y arraigada en la subsistencia humana y la vida de pequeños grupos. El fin, sin duda, es la asistencia de una comunidad al servicio de las necesidades de los vecinos, amigos, parientes o conocidos. Es un acopio, una ayuda desinteresada pero muy presente en la que un grupo decide con sus capacidades intelectuales y materiales ayudar a otro en un fin necesario, ligado a la vida y a la subsistencia”, explica Melina Cortés, que vive en Santiago de Chile pero que ha participado de algunas celebraciones de menor alcance.
   Existen mingas para todas las tareas del campo que necesitan un número de personas mayor a la disponible en un grupo familiar. “Cosechar, plantar, hacer chicha, faenar animales, cortar pasto y leña, hacer caminos,  sacar lana a las ovejas. El traslado de una casa puede ser uno de los más fuertes”, agrega.


   Es común asociar una casa a un lugar fijo, estable, inmóvil. Y hablar de un traslado de una casa suena bastante extraño. Más impactante es verlo en una foto. “Las casas se trasladan por múltiples necesidades de sus dueños, básicamente por buscar un mejor lugar, desde que sea propio, a que no tenga crecidas del mar. Nadie hace una minga de cambio de casa porque sea lindo hacer una fiesta, u otra banalidad, se basa en una necesidad.           
   Las casas se trasladan con mucha fuerza, y con tracción animal; las personas que participan llevan sus yuntas (pareja de bueyes) y éstos según la proporción de la casa se unen unos a otros para tirar y así dar movimiento. Generalmente la casa se sitúa sobre dos palos grandes u otro que permita deslizarse. Lo más extremo es cuando se cruzan canales, que también sucede, y ahí la casa es tirada por lanchas”, cuenta.


   Pero esto no termina acá. Luego del esfuerzo, viene la retribución. “Es una fiesta muy intensa, porque las labores que se hacen son siempre fuertes y de mucho trabajo físico. Los hombres hacen el trabajo duro en el campo y las mujeres se dedican a cocinar y devolver el alma al cuerpo de los que participan.  Los dueños de casa o los que piden del servicio a otros, les dan un banquete al final de la jornada, como un pago y señal de aprecio y agradecimiento. Chiloé es un pueblo muy católico, de personas muy hospitalarias, generosas, que se esfuerza en conservar y cultivar tradiciones de altos valores; la minga sin duda es uno de éstos, donde las personas confían en la comunidad y la comunidad se ayuda entre sí”, concluye.

   




Por Cecilia Curiá

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